• Pilar Paredes

Gracias 2020

La sensación del Año Nuevo es distinta: amanecemos a una nueva "era" sin resaca.

En el primer día del Año 2021, este año que se inaugura con mucha más esperanza que los anteriores, quisiera agradecer a 2020 todo lo que me ha enseñado.


No es necesario recordar ni lamentar todos los sucesos que hemos vivido y que nos han cogido por sorpresa.


Hace exactamente un año la mayoría de nosotros brindábamos por el Nuevo Año con la ilusión de que todas aquellas preocupaciones iban a desaparecer, que todos nuestros problemas se solucionarían, de que el 2020 nos traería salud, prosperidad y amor.


Recuerdo las conversaciones con amigos y familiares:


¡Este va a ser nuestro año! ¡Lo vamos a conseguir! ¡Todo se arreglará!


Lo que no sabíamos en Enero de 2020 era que en Marzo todo nuestro entorno conocido social y laboral iba a dar un cambio radical.


Las primeras noticias sobre el Covid-19 y su expansión por China, no tuvieron en un principio demasiada credibilidad, la mayor parte de la gente pensaba que eso era algo lejano que nunca llegaría a España.


Cuando en nuestro país vecino, Italia, la enfermedad comenzó a propagarse de forma exponencial, sentimos cierta inquietud, pero aún así, no llegábamos a creer que nos afectaría de la manera que lo hizo.


Y de repente nos llegó el confinamiento: la prohibición de salir a la calle sin permiso, de viajar, la imposición de la mascarilla, el evitar el contacto físico, los aplausos a los profesionales del sector de la salud, las estanterías del Mercadona que se vaciaban, la obsesión por el papel higiénico, el #quedáteencasa...


El miedo.


¿Recordáis lo extraño que fue asomarte a la ventana y no ver a nadie por la calle?


Sin embargo fuimos sacando la humanidad que llevamos dentro.


Si repasamos nuestros whatsapp de los primeros meses, veremos cómo la preocupación incipiente y el temor por lo desconocido empieza a acompañarse de un espíritu de solidaridad entre las personas.


Si tengo que quedarme con un recuerdo del confinamiento os diré, que a pesar de la tristeza que sentí por aquellas personas que perdieron seres queridos y que no pudieron acompañarlas en sus últimos momentos, me quedo con la imagen de una hoja de papel escrita a mano por una adolescente de mi edificio donde se ofrecía a hacer la compra a las personas mayores que no podían salir.


Unos minutos después de ser colocada, otro adolescente había escrito encima: " yo también ayudo a lo que sea, y a sacar al perro"


Recuerdo con una sonrisa, los graciosos vídeos de TikTok donde personas que no tenían perros sacaban a pasear peluches con una correa.


De repente todos los que tenían perro se convirtieron en unos privilegiados.


No recuerdo los meses de reclusión en casa como una obligación o una imposición, más bien como una oportunidad de explorar un nuevo enfoque.


En mi caso, ya que soy deportista y no se me permitía salir a correr, me subía a la terraza y me ponía a saltar con la canción de Rocky.



No me sentía sola.


Un día que estaba saltando vi en la terraza del edificio de enfrente un padre con su hija que me saludaba. Otro día conocí a un vecino que también subía a su terraza a realizar sus reglamentarios "workouts".


Aunque no podíamos tocarnos ni acercarnos, nadie pudo impedir que iniciásemos una relación en la distancia con una pequeña sonrisa.

Es verdad que algunas parejas han tenido momentos muy difíciles, quedarse en casa con el teletrabajo y los niños sin colegio, fue realmente duro para muchas familias, y lamentablemente el índice de divorcios creció durante el confinamiento.


Pero también es cierto que muchos vínculos se reforzaron.


Otra vez, la tecnología favoreció que la distancia física no eliminara los sentimientos humanos. Creo, que más bien, al contrario: la mayoría de nosotros incrementamos la comunicación y nos acercamos mucho más.


En una situación como la que hemos vivido, al sentirnos tan vulnerables nos hemos apoyado en otras personas y hemos aprendido a valorar a las personas con una visión más sincera y más humana.


¿Habías pensado antes en el esfuerzo de los trabajadores del supermercado por estar ahí cada día "jugándosela" para poder seguir ofreciéndote avituallamiento?

¿Y qué me dices del repartidor de Globo o Amazon? ¿Del portero de tu edificio? ¿De tu vecino enfermero? ¿Del farmacéutico?


¿Saludaste por primera vez a esa persona que te caía mal y a la que apenas conocías por que un sentimiento de solidaridad recorrió tu cuerpo y no podías evitarlo?


Dicen que en las situaciones de crisis los seres humanos sacamos lo peor y lo mejor de cada uno y por eso creo que debemos de estar agradecidos a 2020 por todo lo que nos ha enseñado.


El 2020 nos ha traído muchos disgustos, no lo vamos a negar, pero debemos de agradecer las lecciones aprendidas:

  • El teletrabajo nos enseñó que existe una nueva forma de realizar las tareas y de vincular la profesionalidad a la eficiencia generando confianza y autonomía.


  • La tecnología nos permitió mejorar nuestras relaciones sociales y profesionales porque nos ha obligado a mejorar nuestra comunicación y trasmitir nuestro mensaje de forma más efectiva.


  • El confinamiento nos hizo reflexionar sobre nuestro actos y comportamiento porque por primera vez en mucho tiempo nos cuestionamos nuestras decisiones y nuestros objetivos en la vida.


  • La pandemia nos guió hacia una introspección muy necesaria para tomar determinaciones sobre lo que queremos cambiar en nuestro comportamiento.


  • Por primera vez, fuimos conscientes de que la globalización es algo más que cifras de mercado y relaciones políticas internacionales: existen seres humanos como nosotros que sufren, piensan y sienten aunque no sea del mismo modo y en la misma lengua.


  • Nos hemos dado cuenta de que a pesar de la incertidumbre y la inseguridad, el ser humano está capacitado para sobrevivir y salir adelante en cualquier situación porque así nos ha configurado nuestra propia naturaleza.


  • El 2020 nos ha enseñado la fragilidad de la vida y nos ha hecho preguntarnos cómo queremos seguir viviendo y hacia dónde tenemos que dirigir nuestros objetivos.

Por todo ello, me gustaría enviar un mensaje a 2021:


"Querido año nuevo:


No sé si vendrás con la energía necesaria para salvación a todos los problemas de la humanidad, ni serás cómo una receta sanadora para todos nuestras desilusiones y pesares.


No puedo decir que el 2020 fuese una burla funesta de la historia con su capicúa ironía ni pronosticar que el 2021 se convierta en la poción mágica de Mickey Mouse de la película Fantasia.




Solo deseo, querido recién nacido 2021, que nos permitas poner en práctica todas estas lecciones aprendidas que nos dejó tu hermano y que nos brindes la oportunidad de realizar nuestros sueños"


Gracias y adiós 2020, bienvenido desconocido 2021.



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