• Pilar Paredes

De Haters y Crosswatchers

Actualizado: feb 1



La palabra Hater", odiador en español para entendernos, se emplea para aquellas personas que en Redes Sociales se muestran severamente críticas con lo que no les gusta, llegando incluso a posicionarse de modo extremo.


La figura del Hater ya se considera imprescindible para medir la influencia en las Redes: si no tienes Haters, careces de influencia.


A mi esto de los Haters me recuerda a aquella frase de autor desconocido:

“Un hombre se mide por la grandeza de sus enemigos”


En eso estaría pensando Alejandro Magno cuando se enfrentó a Darío III, Rey de Persia al que respetaba profundamente, en la famosa batalla de Gaugamela en el Siglo IV antes de C.


Alejandro venció a pesar de que el ejército persa superaba con creces al suyo, pero se sirvió de una acertada estrategia y la lealtad de unos hombres que le seguían fielmente en la conquista del mundo.

Cuando al finalizar la batalla, Darío huyó sin confrontarse a su rival, Alejandro le persiguió ferozmente porque no podía aceptar tan inapropiada cobardía.


Quizás había esperado demasiado de su Hater y al final éste no fue siquiera digno de morir con honor.


Y es que en la Grecia clásica el honor era algo esencial que definía el sentido de la moral y el deber de las personas.


La defensa del honor llevaba, en algunas ocasiones, al enfrentamiento formal, donde el ofendido tenía el derecho a saldar cuentas con su ofensor en un duelo, donde acompañado de padrinos y siguiendo determinadas reglas establecidas, los contrincantes podían salvar su “honor” y resarcirse de sus ofensas.


Hasta el siglo XVIII en España todavía estaban permitidos los duelos, y aunque eran celebrados secretamente, los caballeros de la época consideraban una elegante manera de dirimir sus insalvables diferencias.


En la actualidad las cosas son muy distintas y el “Odio” es una expresión relativamente admitida siempre que no quebrantes ninguna ley. Así, en las Redes Sociales se puede encontrar todo tipo de Haters que defienden sus intereses o sus inconformismos; ejemplo insólito es el extravagante grupo de “Odiadores del pintor Renoir”, poseen una cuenta en Instagram de más de 15K.


Aquí os dejo el vídeo de Antonio García Villarán donde nos explica el fenómeno.


¿Pero un “hater” se nace o se hace?


¿Qué es lo que provoca su ira o su “salida del armario”?


¿Proviene de influencia externa o se trata de una insatisfacción incontenible que brota de repente?


Reflexionando sobre la cuestión he recordado la estupenda película de 1993 de Joel Schumacher protagonizada por Michael Douglas, “Un día de furia”, en la que un ciudadano de Los Angeles, en una jornada de calor asfixiante e interminables atascos de tráfico, termina por perder totalmente los estribos, acabando por generar un esquizofrénico episodio de violencia que a punto está de costar algunas vidas.



Hay una famosa escena en la que entra en una conocida cadena de Hamburgueserías; pide la hamburguesa exhibida en uno de esos grandes carteles fotográficos supuestamente informativos, no admitiendo la birria que recibe a cambio.

Nuestro hombre se declara harto e indignado por el timo que supone la “publicidad engañosa”, que suele dar “gato por liebre” al sufrido cliente.

La película, rodada en un ambiente sofocante, trasmite esa sensación de vértigo que se siente cuando uno sólo quiere “regresar a casa” y las circunstancias del día se van poniendo una tras otra en contra, a modo de conspiración, hasta llegar al momento en que deja estallar toda esa frustración acumulada durante años, así como el rencor almacenado en su interior.

La insatisfacción del hombre de a pie de la sociedad moderna, podría decirse.

A parte de los haters, otra de las figuras que me llama la atención en esta jerga digital es la del "Crosswatcher" algo así como “vigilante cruzado” que surge, al parecer, para denominar a aquellas personas aficionadas a cotillear las lecturas de tarot de signos zodiacales que no son el suyo, a través de YouTube.

Así pues, si miras el “vídeo horoscopal” de una persona que te interesa, el “tarotista” puede incluso darte la bienvenida como intruso.


En la vida real, la figura del Crosswatcher me recuerda a la del entrometido, el cotilla, aquel que disfruta “metiendo las narices” donde no le llaman, pero que en muchas ocasiones, debido a sus críticas silenciosas y aparente pasividad, puede provocar mucho más daño que el propio Hater con su crítica abierta y descarnada.


Y es que el Crosswatcher actúa en la sombra, convertido en un espectador difícilmente detectable. Sabemos que está ahí, pero no podemos dirigirnos a él directamente o, si lo hacemos, no obtenemos el “feedback” de sus opiniones, por lo que nuestra información sobre él se basa en la suposición de su existencia: mera intuición.


Sin embargo, es bastante curiosa la base de esta premisa: en las redes sociales, el silencio también habla.


En lo referente al Marketing, los expertos sabemos lo esencial de dirigir el objetivo de una campaña a un público determinado; para ello analizamos segmentos de población e investigamos el mercado en búsqueda de la información más exacta para definir con precisión nuestro “Buyer persona”


Dicha definición del “cliente ideal”, esa figura conceptual, incluye todas aquellas características que retratan ese cliente perfecto que compraría nuestro producto sin vacilar y, además, se convertiría en un gran embajador de nuestra marca.


Los Buyer persona son unos “entes metafísicos”, utilizando jerga filosófica, que hacen que nuestra estrategia de marketing encaje.


Ahora mi pregunta es la siguiente:


¿Deberíamos convertir los Haters y los Crosswatchers en nuestro Público objetivo?


¿Debemos incluirlos en nuestra estrategia de marca?


Yo afirmo que sí: igual que los antiguos clásicos ponderaban su grandeza según el poderío de su enemigo, calibrar las críticas de nuestros Haters más acérrimos sería un buen instrumento para calcular el éxito de nuestro plan.


Pero qué ocurre con el Crosswacther?

Él no dice nada, navega sigilosamente por las aguas de internet manteniendo en “hibernación” sus opiniones y criterios, en lo hondo de su mente.


Con su peligroso potencial puede llegar a convertirse en un cruel merodeador, como es el caso de The Prowler, personaje de los cómics de Spiderman que pasa de ser un delincuente a un héroe que posee el “don de la tecnología”



Sin embargo, aunque se trate en este caso de un personaje de la Marvel, el Crosswatcher como merodeador es un personaje pasivo, o más bien, cuya acción consiste precisamente en la falta de acción, que no reacción, porque su silencio es significativo - e inquietante; podemos llegar a presumir de que conocemos bien a nuestra audiencia, pero no siempre es fácil identificarla -.


Me diréis que tenemos herramientas para ello, es verdad: Google Analytics, Hubspot, Semrush, Ashref, etc nos proporcionan gran información sobre variables que nos sirven para medir el éxito de nuestras campañas y el alcance de nuestras acciones.


Pero siempre se nos escapará algo.


El click en la web no es más que un número en una gráfica o en una tabla. Un dato susceptible de análisis que necesita ser interpretado.


Debido a ello, debemos tener una visión más amplia, ser capaces de mirar con ojos de camaleón más allá de nuestro objetivo.


No debemos fijarnos sólo en los “me gusta”, porque la otra cara del éxito tiene mayor fuente de conocimiento. Como un buen Influencer necesita de su Hater, el Crosswacther también necesita alimento para su supervivencia.


Hay quien asegura, prudentemente: “Ten cerca a tus amigos, y más cerca a tus enemigos”.

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