• Pilar Paredes

¿Motivación o desmotivación positiva?

Se podría decir que la motivación es algo que necesitamos para encarar el simple hecho de levantarnos y afrontar el día a día.


Cotidianamente oímos comentarios como:

“La plantilla del equipo se halla desmotivada…”

“La escasa motivación del electorado propiciará la abstención…”

“A mi hijo no le motivan los estudios”, y un largo etc.


Parece que en este sustantivo se recoge la idea de algo que se mueve, de algo que incita a ir "de algún lugar a otro".

Refiriéndonos a nuestro propio estado de ánimo lo que sugiere es que para “ir allí” necesitamos que algo nos impulse a “salir de aquí”.


En nuestra sociedad parece que todo gira alrededor de nuestro estado de ánimo y que depende mucho de cómo nos encontremos para lograr algo y sino tenemos el estado de ánimo adecuado, en este caso, la motivación correcta, no “salimos adelante”.


En la dirección de empresas hay muchas teorías que pretender enseñar a los líderes a sacar lo mejor de sus empleados creando un clima laboral agradable, procurando su bienestar y felicidad, pues está demostrado que cuando uno se encuentra a gusto, produce mejor.


Me gusta la idea de la teoría de la Desviación positiva de Kim Cameron


Según este autor en el ser humano hay una tendencia natural a lo positivo, se trata del efecto heliotrópico.


Igual que las plantas que van hacia la luz, las personas tendemos hacia las buenas conductas y a desear el bien.



Por eso es importante el refuerzo positivo y el agradecimiento, porque las expectativas positivas si son reconocidas y apoyadas pueden desencadenar en una vida mucho más feliz.

La motivación, contrariamente a lo que se piensa, hemos de incrementarla desde nuestro interior, aunque a veces, el estímulo, suele encontrarse “fuera”.


Es curioso pensar, que desde que nacemos estamos orientados a hacer algo, siempre buscamos un motivo para no estar parados.


Siempre hay un objetivo que cumplir, ya sea estudiar cuando eres pequeño, encontrar un trabajo, formar una familia, etc, pero siempre hay una razón para no estar quietos, para que nuestra vida avance y por eso, necesitamos que es algo que nos mueve, nos impulse de forma positiva.


Cuando no es así, decimos que estamos desmotivados.


Sin embargo, no siempre es así.


Leí sobre un caso de dos hermanos criados en una familia desestructurada, madre con depresión y padre delincuente, una situación en la que muy pocos podrían pensar que iban a salir adelante.


Años después, una vez adultos, cuando éstos fueron preguntados sobre su vida, uno había seguido la línea del padre y había entrado y salido de la cárcel varias veces, incluso, estaba intentando superar la adicción a las drogas, mientras el otro había estudiado, montado su propio negocio de jardinería y tenía mujer e hijos.


-“¿Cómo crees que has llegado hasta aquí?”


Ambos contestaron del mismo modo:

-“Pues que ibas a esperar con los padres que he tenido?


Es curioso pensar que, aunque ambos se criaron en las mismas circunstancias, las decisiones que tomaron les llevaron por caminos distintos.


¿De qué tipo de motivación o desmotivación inclinó a estos dos hermanos a llevar vidas tan dispares?


Personalmente, me considero una luchadora, y aunque como a todo ser humano, me molestan las críticas, aun recuerdo a una profesora de facultad que en primero de carrera me dijo que “No todo en esta vida era estudiar una carrera” tras pedir la revisión de mi examen.


No salí de aquel despacho pensando que la profesora había tratado de ofenderme insinuando que mi capacidad intelectual no estaba a la altura de su baremo calificativo.


Lo que pensé en aquel momento era que tendría que adaptar mi técnica de estudio al nivel que la profesora esperaba.


Al año siguiente todas mis notas fueron excelentes y cuando me cruzaba con ella me daban ganas de decirle:


“¿Ves? Todavía estoy aquí”.


Ahora, aunque cueste reconocerlo, debo decir que su crítica justa o no, me sirvió para mejorar y seguir adelante.


¿Podríamos estar hablando de una desmotivación positiva?


En la película “Yo Tonya”, inspirada en la vida de la controvertida patinadora Tonya Harding, hay una escena muy chocante donde la madre de la deportista paga a un espectador para que insulte a Tonya cuando salga a la pista.



La explicación es muy sencilla, la madre considera que un estado emocional de enfado es lo que propicia que su hija se esfuerce mucho más y salga vencedora en las pruebas.


Y la verdad es que, al menos en la película, da resultado


A veces la motivación acaba convirtiéndose en un empeño que causa el origen de una gran ambición.


Mantener la motivación estable , provenga de dónde provenga es difícil, porque conseguir nuestros sueños supone sacrificio y trabajo constante.


La dureza del empeño es causante de la desmotivacion; porque buscamos el éxito rápido.


Dado este contexto, no extraña la proliferación de "coaches", "psicólogos" y "sectas o pseudo-sectas" cuyo lema básico puede resumirse en la motivadora consigna “¡Tú puedes!”;

también ese aluvión de libros de autoayuda que atestan librerías, aeropuertos y grandes almacenes.


Debemos aclarar algo fundamental al respecto: ¿Tú puedes? ¿Realmente podemos?


Es un error causante de muchas frustraciones errar nuestro objetivo y sobrestimar nuestras fuerzas. También nuestro talento.


Tengo por cierto que nada es tan desalentador como el esfuerzo estéril que lleva a la impotencia y el abandono. Tanto si trabajamos de modo individual o en grupo, la meta ha de ceñirse prudentemente a nuestras posibilidades intelectuales y materiales.


Esto no excluye la ambición. Tan solo elimina la urgencia que a menudo imponemos de forma artificial.


No nos dejemos engañar: solo amando el esfuerzo, y no únicamente el premio, logramos perseverar en nuestros afanes.


Muchos aspirantes al triunfo ignoran el tesón y la resiliencia que han necesitado los triunfadores para llegar al éxito.

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