• Pilar Paredes

Motín a bordo.

Actualizado: oct 25

¿Quieres saber cómo evitar un motín en tu empresa tras el confinamiento?

Suena fuerte decirlo, pero puede pasar.



Motín a Bordo es una película de 1984 protagonizada por Mel Gibson y Anthony Hopkins y está basada en un hecho histórico.

En el siglo XVIII un barco perteneciente a la Marina Real Inglesa HMS Bounty bajo el mando del capitán William Bligh y su segundo Fletcher Christian, tenía como misión llegar al Pacífico para recolectar ciertas plantas.

Sin embargo, tras las incidencias del viaje, el cansancio de los hombres y las inclemencias meteorológicas que perjudicaron a la navegación, decidieron pasar unos meses de asueto en unas islas del Pacífico, con toda probabilidad: Tahití.

Lo que sucedió cuando llegaron allí marca un antes y un después en la historia de la navegación inglesa, pues los marineros liderados por el segundo de abordo se rebelaron y amotinaron negándose a regresar a Inglaterra.

¿Cuál fue el motivo?

Pues que llegaron al Paraíso.

Imaginemos las condiciones del viaje, el perfil de los marineros y el recibimiento de los nativos.


Además del exotismo del paisaje y la belleza de sus mujeres. Muchos de ellos entablaron relaciones e incluso Fletcher Christian se casó con una de ellas.

Cuando el Capitán del navío quiso recuperar a sus hombres y hacerles regresar a Inglaterra, éstos ya habían visto una nueva oportunidad para su vida y se negaron en redondo.

El Capitán era in líder estricto, sabedor de cuál era su deber y entregado totalmente a su causa.


Por el contrario, su segundo era más popular entre la tripulación, caía mejor y parecía que tenía mejor inteligencia emocional porque comprendía los sentimientos de sus hombres.

Así pues tenemos marcadamente dos tipos de visión y liderazgo:

- Por un lado la visión más tradicional por decirlo de algún modo. La del Capitán, un hombres estricto con la ley, responsable y que debe cumplir con su trabajo porque es lo que siempre ha hecho y a esa convicción ha entregado su lealtad.

- Por otro tenemos al líder idealista, innovador, que cree que las cosas pueden ser distintas, que por el hecho de que algo se haya hecho siempre así, no quiere decir que lo se puedan cambiar. Este líder es consciente de el cambio que está sucediendo y del impacto que éste está teniendo entre los hombres. Sabe que a partir de ese momento, todo va a ser diferente.

Muchos de nosotros hemos visto en organizaciones estos tipos de líderes trabajando juntos, a veces se trata de un jefe y de un mando intermedio.

El primero puede ser el número uno, y el segundo el dos, pero éste último muchas veces responde al papel de intermediario entre la jerarquía más alta, el primer nivel, la dirección de la empresa, y el segundo nivel que podrían ser los trabajadores.

Entre sus muchas tareas, está la de servir de enlace entre los de “arriba” y los de “abajo” y para ese difícil papel, la empatía, la confianza y el respeto son claves.

¿Pero qué sucede cuando en una organización el segundo de “abordo” se pone de parte de los de “abajo”?

Eso fue lo que sucedió en el Bounty.

Se podría establecer un paralelismo con la situación que pueden vivir algunas empresas tras el confinamiento.

Los trabajadores que se han quedado en sus casas teletrabajando, han visto cómo han podido finalmente adaptar su vida familiar a la personal.

La mayoría de las mujeres han sabido organizar su vida familiar y conciliarla con el trabajo y muchos hombres han visto reducido el nivel de estrés provocado por los atascos y la pérdida de tiempo de dos horas entre ir y venir del trabajo.

Las empresas que además han sabido organizar y optimizar el teletrabajo han visto incrementadas su productividad y rentabilidad.

Esto demuestra que, como ya se lleva pronosticando desde hace tiempo, la llamada transformación digital está ya aquí, es un hecho que se ha colado entre nuestras vidas y se ha alojado en el bolsillo de cada traje.

Ya nada va a ser igual, porque ya no lo está siendo.


Aún hay empresas “opositoras” que creen que esto es temporal y pronto volveremos a la forma de trabajar, vender y comprar como antes del confinamiento, pero todos sabemos que ya no es así.

No se puede pronosticar “motines empresariales” pero sí es verdad que las empresas están obligadas a revisar su valor y a cambiar la visión que tenían hasta ahora.

El teletrabajo ha cambiado la forma de comunicarse y ha abierto la puerta de la transformación digital.

Ha disminuido la distancia jerárquica y ha hecho que la comunicación sea más horizontal, eliminando las barreras de los despachos y el “control” físico de los trabajadores descargando la responsabilidad en el cumplimiento de los objetivos profesionales.

Con el confinamiento, la tecnología nos ha dado una bofetada en la cara, para bien y para mal, pero la mayoría “han espabilado” y están ya revisando su plan de negocio.

Las cosas no son ni serán como antes, está ante nosotros la oportunidad del “nuevo paraíso de Tahití”, por decirlo de forma más cinematográfica.

Tenemos ante nosotros la oportunidad de mejorar nuestras empresas aportando una visión más adaptada a los momentos de cambio constante en los que vivimos.

Enfocada en la innovación como una apuesta por el futuro que empieza ya y liderada por "visionarios".

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