• Pilar Paredes

Más alta será la caída

Según la popular sentencia, cuanto más alto el vuelo, más dura será la caída. Esta reflexión que tiene su mejor ejemplo literario en el mito de Ícaro, constituye una lección moral que nos alerta contra la ambición desmedida; contra la soberbia.


Sabemos que Ícaro quiso volar tan alto que perdió sus alas al derretirse la cera que la sustentaban con el calor del Sol.


He vuelto a reflexionar sobre este tema ello tras ver de nuevo la célebre  película clásica de Orson Welles, Ciudadano Kane, realizada en 1941


En ella se disecciona la figura de un poderoso magnate de la comunicación llamado Charles Foster Kane, heredero de una gran fortuna que él incrementará de modo tentacular bajo el dominio de la prensa y la extensión de su influencia en el mundo de la política.


Sobrevive, incluso se fortalece, tras graves crisis económicas y conflictos bélicos. Pero al no estar su ambición basada en las motivaciones adecuadas ni en una ética irreprochable, lo contemplamos caer...hacia arriba.


En el final de su vida, observamos a un hombre obsesionado  en engordar su fortuna, bienes, posesiones y en coleccionar cosas. Acumular cosas. Compulsivamente.


Sin embargo, uno de los personajes del film, sugiere un mentís a esta versión del magnate:


“ Hacer dinero no es tan difícil si lo que se desea es únicamente hacer dinero. Sepa usted que Charlie siempre quiso algo más “.

En otra magnífica película, esta vez de la mano de Brian de Palma observamos a Al Pacino interpretando a un gánster de Miami, capo de la droga. Se trata de “El precio del poder”


En ella la ambición de un inmigrante cubano le lleva a lo más alto pero también a la autodestrucción.


Es un clásico del cine y de la literatura el personaje que movido en por un afán de superación se acaba convirtiendo en un ser corrupto y rechazado por todos.


Es el precio de la ambición, de la corrupción humana. De la borrachera de poder.


Dicen que la fama y el poder puede cegar. Cuando alguien que no tiene nada alcanza la atención de multitudes o adquiere el poder de gobernar la vida de otras personas, puede convertirse en un monstruo abominable.


Circunstancias como la actual crisis puede “poner en su sitio” a individuos así, que de repente, sin entender porqué puede ver mermados su patrimonio o son rechazados por la sociedad.


Algunos de los que han sufrido el yugo de personajes así, pueden ahora disfrutar de la contemplación del karma devolviendo la paz al Universo.


Considero que el problema reside en el origen de dicha ambición.


Un hombre vacío, será siempre un ser desdichado por mucho dinero que tenga.


Una empresa fuerte resistirá cualquier crisis si la dirige un líder fuerte y convencido con una ambición firme y flexible.


Nadie duda de que la finalidad de una empresa es hacer dinero, pero sabemos que este objetivo lucrativo no puede ser a cualquier precio. No sólo porque están en juego las vidas o el futuro de las personas que intervienen en el negocio. Sino porque la ambición acompañada de soberbia no consigue la admiración de nadie y no deja ningún legado digno de recordar.


En Ciudadano Kane, Orson Welles interpreta a un hombre que termina su vida, solo y amargado, con una gran fortuna, eso sí, rodeado de millones de objetos de lujo la mayoría de ellos todavía sin desempacar.


¿Satisfizo su ambición? Algunos dirán que sí porque podía nadar en dinero. ¿Su ambición le hizo feliz?


Las situaciones difíciles ponen a prueba la resistencia y la tenacidad de los emprendedores.


El éxito pone a prueba la fortaleza de la propia ambición.


El orgullo inicial puede ser destruido por la soberbia.


Me preguntaréis que qué importancia tiene si al final consigues el nivel de vida que siempre has querido: la casa de tus sueños, el barco, las vacaciones…


Para algunos es fácil conseguirlo, pero sentirse realizado, tranquilo, admirado y querido por ello, es mucho más complicado.


¡Cuando alcanzas el éxito, todo el mundo quiere ser amigo tuyo, así nunca te sentirás solo!


¿En serio? ¿Alguien se puede creer esto?


Otros se preguntarán: ¿Se puede ser buena persona y rico?


No voy a contestar a esta pregunta, pero la dejaré aquí para la reflexión.


La ambición no es mala. Grandes hombres han cambiado el mundo llevados por su inquietud, prendados por una llama interna que les animaba a perseguir ese gran sueño, e insaciablemente no pararon hasta que lo hicieron realidad.


La vida humana no avanzaría y la historia no estaría escrita sin esa ambición humana.


Pero el reverso también tiene su crueldad. La falta de carácter, la debilidad e incluso la cobardía pueden hacer tambalear al mejor de los humanos.


Revisemos nuestros sueños y nuestras ambiciones. Hagamos un recuento de nuestros logros y preguntémonos si aún así estamos dispuestos a continuar, si somos lo suficientemente fuertes, si estamos dispuestos a aprender, mejorar, cambiar y escuchar.


Nuestra ambición no es sólo nuestra, involucra y repercute en muchas más vidas.


La ambición nace en uno y termina en uno mismo.


Al final lo que cuenta es lo que vamos a sentir si lo logramos, ¿Estaremos solos o acompañados? ¿Admirados u odiados?

2020 puede ser un buen año para encontrar la respuesta.

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