• Pilar Paredes

Estrategia y táctica.



La palabra estrategia proviene del latín “strategia”, bajo el mando de un general y del griego «στρατηγια» (stratēgía) que quiere decir oficio del general, compuesto de «στρατηγος» (stratēgos) que significa general.


Por otro lado el origen de la palabra táctica viene del griego taktikos, compuesta con la raíz bassein que significa “ordenar” y el sufijo -tico que expresa “relativo a”.


Podríamos decir que ambos conceptos están relacionados entre sí, ya que el general es el mando militar que ordena y planifica, que asume las decisiones de una división o un ejército.


Ambos conceptos son muy utilizados en el mundo empresarial y son imprescindibles para definir el plan de negocio de una empresa.


En la guerra clásica, era necesario diseñar una estrategia y dividirla en tácticas para poder conseguir la victoria.


Atenea, Minerva para los romanos, es la diosa griega de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa, hace referencia al pensamiento, por ello era una de las diosas más venerada y madre de las matemáticas. Nos imaginamos a una diosa tranquila, segura, que analiza y reflexiona sobre que hacer y las consecuencias de tal o cual decisión.

Por otro lado, Ares, en griego o Marte, para los romanos, es el dios de la guerra, de la violencia, de la sexualidad y representa el valor, la osadía, la temeridad ciega.


Ambos dioses se relacionan con el arte de la guerra, siendo uno el del pensamiento: la estrategia y el otro el de la acción: la táctica.


Como grandes estrategas del mundo clásico podemos recordar a Alejandro Magno en el campo de batalla o el Rey Leónidas.



Si recordamos la película 300, el Rey Leónidas decide estratégicamente la posición desde dónde su desventaja numérica frente al gran ejército de Jerjes será crucial, el estrecho de Las Termópilas, desde dónde podrán resistir con valentía la fuerza poderosa del enemigo.


Podríamos pensar que la estrategia fue un fracaso por la pérdida de vidas humanas, sin embargo, fue un éxito porque logró demostrar el valor del pueblo espartano e incitar a la posterior unión de todos los pueblos griegos contra el bárbaro enemigo.


Para los espartanos, el honor pesaba mucho más que la vida humana.


Una de las tácticas escogidas por Alejandro Magno para vencer al enemigo era la llamada “El martillo” según la cual movía su caballería rodeaba los flancos del enemigo liderando por el propio Alejandro hacia la derecha, lo que provocaba que el ejército contrincante se desagrupase y el macedonio pudiese entrar por los huecos.


Y ahora, cambiando de tercio, pero no de tema, vamos a reflexionar sobre otro tipo de batallas que también emplean la estrategia y la táctica: El deporte es un excelente espejo de la conducta humana y las formas que ésta adopta ante desafíos de naturaleza sin duda física, pero también psicológica y mental. Incluso moral.


El deporte constituye la más pura y expresiva metáfora del espíritu de superación que anida en nosotros.


No ha habido un solo régimen político a lo largo de la historia, democrático o totalitario, que haya despreciado el espectáculo deportivo, tanto en su vertiente terapéutica como educativa o ejemplarizante, convocando tanto a las élites como a los humildes.


En los textos clásicos, los “mejores” atletas fueron agasajados por el poder y la intelectualidad, elevados a la condición de mitos, auténticos héroes que competían esencialmente por la gloria y el honor: la ética jugaba un papel primordial; respeto al adversario. Juego limpio.


Existe una leyenda viva del deporte español, el tenista Rafa Nadal, considerado uno de los deportistas culminantes a nivel mundial por reunir características deseables no solo a nivel “competitivo”, sino cívico y educativo.



El tenis presenta una característica muy peculiar: la “batalla” se desarrolla en unas canchas de dimensiones invariables, pero cuya superficie y material sí difieren: pistas de cemento, pistas de tartán, conglomerados sintéticos, hierba, tierra batida…


Cada una de ellas se ciñe mejor o peor a las características del jugador, su modo de golpear la pelota y su adaptación física. Es la tierra batida donde Nadal ha alcanzado una excelencia inédita y abrumadora. Es la superficie donde las cualidades físicas y su condición de jugador estratégico y táctico se desarrollan al máximo nivel.


Pero también son precisamente estas dos cualidades, unidas a una enorme “Resiliencia” (la capacidad de afrontar la adversidad y salir fortalecido de ella), las que le han permitido triunfar en esas otras superficies que exigen, en principio, otras estrategias y planteamientos.


El célebre ex campeón John McEnroe se refirió a Nadal como “Einstein de la raqueta”

¿Por qué? por hallar la fórmula.


Por estudiar a su adversario, incansablemente, adaptándose al problema (o más bien desafío) que representa, sin rehuir nunca el laberinto psicológico que deba afrontar, haciendo uso de todas las variables tácticas que la estrategia inicial pueda llegar a exigir.


Si el rival es demasiado alto, oblígalo a inclinarse y flexionar rodillas, si es demasiado fuerte y corpulento fuérzalo a moverse, etc.


Obviamente no hay jugador alguno que prescinda del estudio del rival y sus debilidades, pero Nadal lleva esta premisa a grado máximo.


En principio, está en las antípodas de el gran sueco Bjorn Borg, con quien se le ha comparado, cuando éste resumió su propia filosofía de juego de modo un tanto jocoso y simplista: “Si mi rival pasa 100 bolas, yo paso 101”.


Podemos reírnos, claro, pero el sueco define a los mejores: aquí no se rinde nadie, aquí no se claudica.


La estrategia del deportista se basa en conocer y analizar a su rival, estudiar sus debilidades y encontrar en sí mismo la fuerza mental necesaria para alcanzar la victoria.


Primero piensa, después establece las acciones que le van a llevar a la victoria.

Estrategia, después táctica.


Tiempo para pensar despacio, prisa para efectuar las acciones.

Y todo con una buena actitud: jugar limpio y perder con honor.


Uno de los problemas de las empresas en la actualidad es que dedican muchos esfuerzos a la táctica y muy pocos a la estrategia.


Consideran que en una atmósfera de incertidumbre e inestabilidad como la que estamos viviendo el tiempo juega un factor vital y el que no se mueve, pierde.


Sin embargo, esto es un gran error. Es de Napoleón, otro gran estratega la famosa frase “Vísteme despacio que tengo prisa” y nos hace pensar en el tiempo que éste dedicaba a planificar con cuidado sus batallas.


Pero siempre puede haber un rival mejor, o un factor externo que influya en la derrota.


Así pues Felipe II ante la derrota de la Armada Invencible por el ejército inglés al mando del Almirante Nelson.


“Yo no mandé mis barcos a luchar contra los elementos”


En los negocios, como en la vida cotidiana o el deporte, hemos de hacer acopio de recursos, toda nuestra fuerza y astucia, pero también de toda la voluntad y ánimo posibles, esa Resiliencia que nos permite ver el obstáculo no como motivo de desánimo, sino como desafío a nuestras capacidades.


Solo una mentalidad flexible nos lleva a optimizar nuestros recursos humanos y tecnológicos, para así plantear estrategias y tácticas adecuadas a la situación y el momento.

Naturalmente hay que saber perder, pero solo para adquirir la sabiduría que conduce finalmente al triunfo.



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