• Pilar Paredes

El podio de los sofistas.

Actualizado: oct 25

Cuando era pequeña pensaba que si uno quería ser importante tenía que subirse a un podio.


Según la RAE el significado de podio: 'Plataforma elevada donde se sitúa a alguien a quien se quiere otorgar preeminencia’.

Y preeminencia: privilegio, exención o ventaja de que goza una persona por razón o mérito especial.

Hace mucho tiempo que en los colegios han eliminado las tarimas porque consideraban que el hecho de que el profesor se situase en un lugar elevado respecto de sus discípulos era demasiado jerárquico y autoritario.

Para modernizarnos un poco y aplicar el concepto de igualdad democrática, se decidió que eliminando la tarima también se evitaba que los niños sufriesen en la tarima al ser “interrogados” por el profesor el día del examen oral.

Supongo que de alguna manera u otra, todos los de mi generación hemos pasado por ese nerviosismo, pero también era divertido cuando el profesor no estaba y nos subíamos a la tarima para dirigirnos a la clase. Aquel que consiguiera ser el más gracioso, tenía el aplauso del público.

Recuerdos aparte, percibimos que alguien es importante o preeminente cuando es invitado a dar conferencias o camina por la calle seguido de personas con cámaras que le sacan fotos o armarios humanos de 2 metros por 2 metros.

Entonces ¿ser importante se resume en la imagen de una sola persona elevada, rodeada o seguida de otras personas?

Ahora tenemos las Redes Sociales, donde cada uno, siempre que se esfuerce un poquito, puede tener personas que le sigan y “sentirse también importante”.

Además, hay para todos los gustos: incluso si “caes mal a la gente” también puedes explotar esa faceta tuya y tener un montón de seguidores y retractores que te hagan sentir que estás en el podio del éxito.

En el siglo V antes C. También había “especímenes” humanos que eran perseguidos y admirados por las calles de Atenas, eran los sofistas: profesionales que enseñaban la sabiduría y cobraban por ello.

Para Eurípides, eran los que “enseñaban el arte práctico del buen gobierno”.

Se trasladaban de ciudad en ciudad y enseñaban a hablar en público, es decir retórica, ya que se consideraba que un buen político debería dominar en primer lugar el arte de la oratoria.

Sin embargo, con el tiempo el término se devaluó y al final, los sofistas se consideraban unos “canta mañanas” que manipulaban y corrompían a los jóvenes.

Quizá el hecho de que cobrasen por sus enseñanzas empezaba a levantar suspicacias, así como sus técnicas de persuasión.

El caso es que acabaron siendo considerados mentirosos, corruptos y manipuladores.


En la actualidad, la palabra sofisma se refiere a aquel silogismo que parece válido pero no lo es, es decir, una falacia.

Y es que la búsqueda de la verdad acaba siendo algo más complicado de lo que parece, hoy en día se habla de “verdades”, de que cada uno tenemos nuestra “verdad” o más bien, “nuestra opinión” (que son cosas totalmente distintas) y que hay que respetar lo que cada uno piensa, opina, habla y por qué no: siente.

Podíamos seguir discutiendo mucho sobre este tema, pero ni yo soy una experta en la cuestión ni me considero lo bastante “sofista” para llegar muy lejos.


Lo interesante de mi reflexión es preguntarme si cuándo uno se “eleva” unos centímetros sobre los demás en un podio, pongamos un auditorio lleno de personas en una conferencia o destaca en las Redes Sociales, se le puede considerar una persona “importante” que enseña sabiduría o ¿se trata de un simple sofista?

Creo que si pudiese observar a aquella niña de ocho o nueve años que era yo misma en una conferencia multitudinaria de algún humano preeminente, ésta no prestaría demasiada atención al contenido del discurso, sino que observaría con curiosidad las caras de la audiencia para ver su expresión y seguro que aplaudiría en el momento que todos lo hicieran.

Yo también sigo a gente importante y muchos de estos “influencers” me aportan conocimiento y me hacen reflexionar sobre muchas cosas, diría que algunos incluso me hacen descubrir cierta sabiduría y quizás, también otros me persuadan y me embauquen con su palabrería.

Algunas de estas personas importantes, se convierten en grandes “entretenedores” que pueden hacerte pasar un rato divertido.

Lo que me preocuparía profundamente es que estos preeminentes, subidos al podio del éxito o a “los cinco minutos de fama” de Andy Warhol, creyesen que son auténticos sabios y que nos pueden guiar hacia el conocimiento de la verdad y la sabiduría.


Sin embargo insisto, en la época en la que vivimos, más te vale tener los ojos bien abiertos.


Nunca desestimes que la influencia se pueda convertir en una eficaz autocrítica.

En mi caso, trato de “empaparme” de todo. Si bien, es cierto que algunos sofistas modernos se especializan tanto en un tema y son tan repetitivos que acaban por aburrirme.

Sin embargo, en esta época de verdad subjetiva y de la opinión personal, es imprescindible que uno escuche, calle, aprenda y reflexione, no vaya a ser que un día te suban a un podio y de tu boca no salgan más que falacias.

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