• Pilar Paredes

El boxeo y el fracaso.

Dicen que de los fracasos se aprende, pero muy pocas personas hablan de ellos.

Nadie quiere desnudar su alma a un desconocido cuando está en juego una negociación o un puesto de trabajo.


Uno puede aplicar una serie de consejos y estrategias para eludir la respuesta a la temida pregunta:


¿Por qué te han despedido o que pasó con tu negocio?


De hecho, muchos profesionales que han probado el emprendimiento y no les ha resultado como esperaban, suelen ocultar esos datos en su Currículum Vitae.


Y es que el fracaso está mal visto.


O estaba… Hasta ahora.


En Estados Unidos se valora muy positivamente a aquellos candidatos que han sido despedidos o que han perdido sus negocios pero lo siguen intentando.



Y es que la cultura americana te prepara desde muy niño a ser competitivo, a buscar tu identidad a través del éxito económico y profesional, a esforzarte.


A cambio te promete que conseguirás lo que quieras porque América (entendamos Estados Unidos) es el país donde los sueños se hacen realidad


Es curioso pensar que, en una sociedad tan competitiva, el fracaso se valore.


Todo esto me ha hecho recordar una de mis películas favoritas.


“Million Dollar Baby”



Interpretada por Hillary Swank, la protagonista, Maggie, es una ambiciosa mujer que está obsesionada con convertirse en una púgil de éxito.


Su ambición, su sueño más profundo se sustenta con unos pocos dólares en una vivienda miserable.

Está sola, su familia no la comprende, pero ella sabe que posee las cualidades atléticas necesarias para el boxeo, así como un carácter luchador, sacrificado y extremadamente noble…


En esta estupenda película, Clint Eastwood interpreta a un viejo entrenador de boxeo que en un principio rechaza entrenar a Maggie porque la considera demasiado mayor y además, “él no entrena a mujeres”.


Sin embargo, la tenacidad y el empeño de la aspirante acaba de convencerle.


Con un entrenamiento duro y disciplinado, va escalando puestos en el ranking, pero en el combate decisivo de su carrera, Maggie recibe un golpe ilegal por la espalda y a traición.


A pesar del esfuerzo constante parece que, a nuestra púgil, le persigue el infortunio, ese algo intangible que gravita alrededor de algunas personas de modo inmerecido, que nos inclina incluso a la superstición.


Acerca del boxeo se han dicho, hecho y escrito muchas cosas. Es un deporte controvertido por su grado de violencia.


Sin embargo, ha sabido fascinar a muchas figuras del arte y la literatura a lo largo de los siglos.


Tuvo su origen miles de años antes de Cristo, aunque fue el británico marqués de Queensberry quien constituyó sus reglas en 1867, creando así el boxeo “moderno”.


Tal vez sea el cine quien más lo ha popularizado, que ha sabido extraer todas sus connotaciones dramáticas, tanto a nivel humano como sociológico.


En sus mejores piezas, nos ofrece minuciosas radiografías del fracaso. Y no faltan visiones “cómicas” como la de Charles Chaplin en “the Champion” - película filmada en 1915 y considerada la primera cuya trama central es el boxeo -, pero, en cualquier caso, prima fundamentalmente el drama.


Son muchas cuestiones vitales las que plantea este deporte, ligado con frecuencia a la corrupción, el soborno, el gangsterismo, el dinero…


Sin embargo, hay dos valores que sustentan este deporte: el sacrificio y la superación.


Golpear, ser golpeado; caer en la lona, levantarse.


Volver a caer, volver a levantarse.

Golpe a golpe, asalto tras asalto.


El boxeo plantea la misma filosofía que muchos otros deportes, pero de un modo especialmente crudo y explícito: debemos saber pegar (respetando las normas y el fair play, claro) pero también y sobre todo esquivar y encajar los golpes del adversario.


En un histórico combate celebrado en 1974 entre Mohammed Alí y George Foreman




Alí derrotó al entonces campeón Foreman, siete años más joven y dueño de una “pegada” demoledora, utilizando la táctica del “desgaste”.


Alí permitió que su contrincante le golpeara con toda dureza durante 7 largos asaltos para, en el octavo, aprovechando el agotamiento del contrincante, tumbar a éste con tan sólo un par de contundentes derechazos.


Fue una exhibición de resistencia y astucia.


Aunque la arriesgada estrategia de Alí produjo “daños colaterales” en su salud, dejándolo tocado de por vida, siguió combatiendo con éxito hasta su retirada en 1981.


En “Toro Salvaje”, Martin Scorsese, narra el ascenso y caída de Jake la Mota (interpretado por Robert de Niro), un duro boxeador que ve cómo sus fracasos personales y conyugales se traducen en su fracaso final como púgil.




Es víctima, tanto en su vida privada como en la deportiva, de un endemoniado carácter cuya característica esencial es la terquedad: "más terco que una mula", como suele decirse.


Casi hasta la obcecación, lo que es notable, ya que es precisamente esa cualidad es la que en gran medida le llevó a la cima.


La Mota acabó retirándose en un pequeño local nocturno de su propiedad donde, a modo de “showman”, filosofaba sobre el boxeo, la vida, el éxito y el fracaso.


Cuando uno tiene un sueño en su interior, la palabra fracaso no está en el diccionario.

Sabemos que no va a ser fácil y que algunas piedras se nos meterán en el zapato a lo largo del camino.


Pero el impulso a seguir, a ser fiel a ese motor interno que te empuja hacia adelante, impide que la esperada pausa, la vergüenza, el desprecio, la burla o incluso el rechazo, todas, connotaciones del fracaso, actúen como barreras.


Me gusta el Boxeo porque es un deporte donde el cuerpo se expone vivamente al auténtico dolor.

Quién se entrega a esta pasión sabe que va a sufrir, pero acepta el sufrimiento como parte del éxito.


Sin embargo, no se trata solo de aguantar, de recibir, se trata de esperar mientras recibes lo peor: dolor auténtico.


A la protagonista de "Million Dollar Baby" no le importaba el sacrificio que tuviese que realizar para conseguir su meta, no podía evitar que su deseo guiase su vida.


Lamentablemente, su inexperiencia y exceso de confianza la llevaron al fracaso tras el éxito. Y es que jamás hay que dar la espalda al adversario.


En un mundo tan competitivo, nuestra nobleza no garantiza la del otro.


Rocky: “Hijo, en la vida, como en el boxeo, no vence quien golpea más fuerte, sino quién sabe encajar los golpes más duros”.


Lo cierto es que no podemos mantener control absoluto sobre las cosas, ya que estamos bajo el notable influjo del azar y el destino más de lo que solemos admitir.


Y cuando llega el mal golpe debemos recordar unos célebres versos de Kipling:

“Si tropiezas con el triunfo y el fracaso, y tratas a estos dos impostores de la misma manera…”



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