• Pilar Paredes

Del Mito al Dato


Se dice que la Filosofía nació cuando se pasó del “Mito al Logos, es decir cuando el ser humano buscó las explicaciones a los fenómenos naturales en la razón.


Recordemos que el término Filosofía, en sus comienzos – no tal como la conocemos ahora que los saberes están separados - significaba “amor a la sabiduría”, potenciándose, a partir de ahí, la curiosidad y el tesón por encontrar respuesta a las preguntas más urgentes de nuestra existencia.


Podemos decir que, a grandes rasgos, el primer conocimiento humano surge de la observación de la naturaleza, por lo tanto, hablaríamos ya de ciencia.

De hecho, los filósofos Presocráticos (antes de Sócrates) se cansaron de escuchar que la causa de la gran tormenta que arruinó cosechas o del eclipse que asustó a la población, fuesen debidos a la ira de Zeus porque no se habían sacrificado suficientes bueyes ese año.


En algún momento de la historia, un hombre griego paseando por el campo en la oscuridad de la noche, llegó a la conclusión de que esas luminarias del cielo no podían ser huellas destellantes del carro de un dios, sino agujeros de fuego en la bóveda celeste.

Aunque la explicación resulte hoy algo primitiva, lo cierto es que la pura observación del fenómeno con los conocimientos de la época, guarda cierta lógica.


No sabemos si existió un instante en el que un ser humano racional decidió dejar de ceder la autoridad a los mitos para dársela a la razón humana, pero lo que si podemos concluir es que llegó un tiempo en el que las respuestas a las preguntas dejaron de ser satisfactorias y algunos hombres atrevidos, llevados por su curiosidad y también por insatisfacción, resolvieron encontrar las respuestas dentro de su pensamiento “reflexivo”.


Y ese momento es el que describimos como paradigmático en la historia del pensamiento humano: adiós al Mito, bienvenida la Razón.


Para Thomas Kunt en la Historia de la Ciencia, cuando ciertas respuestas a preguntas dejan de ser convincentes, se produce una Revolución Científica que conlleva el surgimiento de un nuevo modelo, y por lo tanto, un nuevo paradigma.


Ahora estamos en el siglo XXI y estoy segura de que si Descartes, Leibniz o Kant levantasen la cabeza, no se sorprenderían al descubrir un lenguaje de programación como Python.



Creo que se sentirían complacidos al ver cómo se puede simplificar toda esa lógica matemática para que una “maquinita sencilla”, un teléfono móvil, por ejemplo, pueda transferir dinero desde un hemisferio del mundo a otro en apenas unos minutos.


Cuando los hombres dejaron de conformarse con las respuestas establecidas porque algo en su interior les suscitaba dudas, el Logos se reveló en todo su esplendor.


Recientemente nos despertamos del logos para embriagarnos con el Big Data.


Podemos afirmar que gracias al desarrollo de la Ciencia y al progreso de la Tecnología, hemos pasado del Mito al Dato.

Oír hablar de Protección de datos y el Derecho a la intimidad, nos hacía pensar en que los gigantes tecnológicos como Google, Facebook, Apple y Amazon, las llamadas GAFA

estaban robando nuestra esencia, nuestra libertad e identidad - sin saber con qué derecho - para vender más productos y enriquecerse.

Como los antiguos griegos, nuestros dioses "nos someten a su voluntad y deciden” qué debemos pensar, sentir o comprar.


El caso es que esto no es nada nuevo, la influencia de los medios de comunicación a lo largo de la historia del hombre , intensificándose enormemente desde la invención de la imprenta por el querido Gutenberg.

¿Pero qué logró básicamente el inventor de la Imprenta?

Ni más ni menos que crear la herramienta (la tecnología) idónea para trasmitir y procesar la información (los datos). A partir de ese momento y tras haber imprimido más de 120 ejemplares de su Biblia, que hoy parecen muy pocos, fue preciso fundir casi cinco millones de tipos, inició un nuevo modelo de negocio y revolucionó la historia.


A partir de ahí el acceso universal a la cultura y a la educación fue “in crescendo.”


En la actualidad, Internet es la fuente de propagación universal de la información y con ella la del Dato.

Entendamos el Dato como una pequeña unidad de medida, en Informática (y según el diccionario de Google):


Cifra, letra o palabra que se suministra a la computadora como entrada y la máquina almacena en un determinado formato.

"al introducir palabras o números en una hoja de cálculo, la computadora los procesa y los almacena como datos en código binario"


Parece algo inofensivo para el profano, pero sabemos que el dato es información precisa, exacta.

¿O no?

Los que saben algo de minería de datos o datamining saben que la Tecnología y las herramientas informáticas basadas en Inteligencia artificial, como el Machine Learning, que utiliza algoritmos que permiten a los ordenadores adquirir capacidad para “aprender” del análisis de millones y millones de unidades de información y así realizar predicciones y pronósticos, e incluso imitar el comportamiento humano, saben que aún así el Big Data no lo resuelve todo.

En la investigación de la vacuna para el covid fue tremendamente útil la IA ya que permitía analizar en un tiempo mínimo las pruebas de laboratorio.


Así, un equipo de investigadores de Northwestern desarrolló un algoritmo para predecir qué resultados de los estudios tienen más probabilidades de ser replicables y agilizar la investigación.


Por supuesto el resultado del análisis es beneficioso, si se toman las decisiones correctas.

¿Se ha convertido el Dato en un Mito?

Volvamos a la filosofía: el paso del Mito al Logos se produjo porque unas mentes inquietas buscaban la verdad, querían la mejor respuesta y por ello la Ciencia se convirtió en su paladín, porque la información que nos proporcionaba era observable y constatable de modo empírico. Véase el principio de Arquímedes que es incuestionable y las Leyes de Newton universales.

Hoy en día se habla del “poder del Dato”, como el nuevo petróleo porque quien lo posea tendrá la capacidad de “comerciar” con todo el mundo y enriquecerse.


Me recuerda al Mito de Prometeo , ese incauto que robó el fuego del Olimpo siendo castigado por Zeus, que lo encadenó a una roca a la que un águila volaba a diario a comer su hígado (que se regeneraba cada noche, a modo de martirio).


No me imagino castigo más cruel.

Pero tan solo es un Mito, de gran valor alegórico, eso sí.

La osadía por el conocimiento no fue siempre bienvenida a lo largo de la historia , muchos perecieron bajo diversos suplicios como la hoguera. Es célebre el caso de Giordano Bruno por apoyar la tesis de Copernico en la que se afirmaban la existencia de miles de mundos como el nuestro y que la tierra no era la única creación del Universo.

El científico italiano Galileo Galilei también hubo de retractarse de sus convicciones bajo amenaza y coacción.



Cuando hablamos de Big Data entendemos el Dato universal, quizá infinito, y aspiramos a que una máquina de gran potencia sea capaz de analizarlo por completo y darnos las respuestas precisas que necesitamos, predecir con precisión los fallos y evitarnos todos los errores posibles.

Como profesional del Marketing, soy muy consciente del valor que tiene para las empresas el análisis del comportamiento de los clientes en las RRSS o el histórico de ventas de las compañías para estudiar decisiones sobre que productos debemos incluir o descartar en el catálogo; o qué estrategia de marketing implementar para mejorar nuestro ratios y alcanzar los objetivos.

Y como defensora del dato y de su gran utilidad, aún me pregunto si no acabaremos adorándolo como a un dios.

Entonces, me acuerdo de Eratóstenes, que con instrumentos muy rudimentarios, midió el radio de la Tierra con un margen de error de apenas 85 KM respecto a la medida actual.


Lo que sirvió a Ptolomeo para calcular el diámetro de la Tierra y a Cristóbal Colón para convencer a los Reyes Católicos de que las Indias estaban mucho más cerca de lo que pensaban y que con una pequeña inversión en su proyecto llegaría antes procurándoles pingües beneficios.


El Dato de Eratóstenes no fue preciso, pero contribuyó a que siglos más tarde la Astronomía se desarrollase como saber y un aventurero cambiase la riqueza de una nación y la constitución de un Imperio.

El poder del dato pronostica una revolución, da inicio a una nueva forma de analizar y entender el conocimiento para aplicarlo a diversas disciplinas: economía, salud, tecnología… y finalmente a la sociedad.


Ya no vamos a ser los mismo ni a comportarnos igual con este gran conocimiento pero también sabemos que, como tal, seguirá dependiendo de lo que hagamos con él.


La respuesta precisa y exacta es quizá inalcanzable por mucho que afinemos en el cálculo, puesto que, como toda probabilidad, la estadística necesita de una creciente precisión y calidad del dato pero continuará ofreciendo sus falsos positivos y su falsos negativos



Por eso, como los antiguos, tendremos que seguir progresando.




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