• Pilar Paredes

Arribismo y Mobbing

Actualizado: abr 5


Los dos lobos de la ambición.


Hoy he decidido explorar las aguas turbulentas de la ambición.


Y es que en este tema hay sentimientos encontrados, a pesar de la mala fama de la ambición, yo me quedo con este proverbio árabe:


“Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda”


Los caminos hacia el éxito son “inescrutables” y no siempre la línea recta es el camino más directo.


Para reflexionar sobre la cuestión he traído a mi memoria dos películas que presentan un panorama profesional en dónde los personajes van subiendo en la escala profesional y consiguiendo sus logros, de modo muy diferente, una es “El apartamento” de Billy Wilder que está considerada como una de las joyas de la historia del cine, no sólo por las interpretaciones de Jack Lemon y Shirley Mclaine, sino porque el tiempo no pasa por ella, puedes verla mil veces y siempre te identificarás de algún modo con la historia.




La otra es “Lobo” de Mike Nichols, con Jack Nicholson, Michelle Pfeiffer y James Spader a la cabeza, una cinta que utiliza la leyenda del “hombre lobo” para situarnos en un analizar la competitividad profesional.


Sin tener la maestría del Apartamento, “Lobo”, permite reflexionar sobre la ambición personal de los protagonistas y los métodos usados para desbancar a tu rival.


Pero antes definamos los términos:


Según la RAE un arribista es una "persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos".


Y “Mobbing”, aunque en español deba utilizarse el término de “acoso laboral”, hace referencia a Trato hostil o vejatorio al que es sometida una persona en el ámbito laboral de forma sistemática, que le provoca problemas psicológicos y profesionales” según el diccionario de Oxford.


Considerando al arribista como aquel que ha alcanzado determinadas posiciones o cargos de poder mediante métodos censurables o, como mínimo, moralmente cuestionables.


En “El apartamento”, C.C Baxter (J. Lemon), es un gris empleado de una empresa de seguros que escala puestos prestando su apartamento para dar cobijo a las aventuras e infidelidades amorosas de sus "inescrupulosos superiores", que establecen con él una relación en apariencia amable y paternalista pero basada, en realidad, en el chantaje y el soborno.


En “Lobo”, el arribista se llama Stewart (J. Spader) joven y ambicioso trabajador de una empresa editorial que, aparentemente cercano y amistoso con Will (J. Nicholson), - veterano ejecutivo de la firma en horas bajas - no duda en pisotearlo a base de insidias y argucias, para desprestigiarlo ante el jefe con el fin de ocupar su puesto.


Ello se traduce en una estrategia de Mobbing tan sutil como repugnante.


Lo interesante de estos dos personajes, ambos “trepas”, es que difieren mucho por su carácter y naturaleza moral. Baxter es un buen hombre – es decir, lo que a menudo consideramos un pobre hombre -, agradable y discreto, víctima de una bajísima autoestima.


En el fondo, busca la aceptación y el calor de sus superiores, con los que compadrea servilmente, sin percatarse del daño que causa a sus compañeros de trabajo, dignos empleados estancados en puesto y nómina.


Lo hace para compensar carencias afectivas y personales, pero su torpeza le ciega; no hay mala intención.


El otro espécimen, Stewart , es un ser astuto y educado con alma de depredador. “olfatea” el terreno como un lobo, eligiendo bien a su víctima, aprovechando la mala racha de ésta – un ejecutivo llamado Will, serio, taciturno y cincuentón - , que va viéndose degradado poco a poco por su jefe, influenciado por Stewart y sus maquinaciones; éste, apenas treintañero, encarna la juventud, y por lo tanto, valores de renovación y "sangre fresca".


La estrategia Mobbing consistirá en provocar una progresiva pérdida de responsabilidades por parte de Will en sus tareas, para acabar arrebatándole el puesto insinuando, eso sí, que se hace “por su propio bien”, y por supuesto el de la empresa.


A Will se le considera una antigualla, alguien amortizado y abocado a la jubilación anticipada.


Encarna otra época, otra visión “superada” por los nuevos tiempos.


En realidad se trata de un prejuicio, como el propio Will terminará demostrando, enseñándonos que una cosa es la edad biológica, y otra la edad de las ideas.


Ambas películas son muy recomendables por su valor narrativo, pero también por sus respectivas “moralejas”.


En "El apartamento" se destaca la integridad ética que exhibe el protagonista una vez harto del abuso de poder que ejercen sus jefes y del que fue cómplice él mismo.


En "Lobo" se nos enseña que no debemos infravalorar a nadie atendiendo a su veteranía ya que es un valor positivo otorgado por la experiencia.


Cuando nos dicen que la ambición es mala, solemos pensar en la vanidad, la soberbia, el egoísmo, la falta de moral, etc., en definitiva nos viene a la cabeza la imagen de un ser malvado que puede hacer cualquier cosa para llegar a sus objetivos sin tener en cuenta y que no le importa acabar con cualquier oposición ni la forma en que lo consiga.

Por eso me gusta la imagen de fuerza del "hombre lobo", ya que representa la voracidad necesaria para eliminar a tus rivales.


Hemos oído hablar muchas veces del "macho alfa" en relación con esa figura masculina que representa el liderazgo, la fuerza y el poder de control en relación con esas características del animal lobo que se convierte en el jefe de la manada en contraposición a ese lobo omega que es la jerarquía más baja de la manada y es fácil observarlo en muchas organizaciones ostentando puestos de poder.

En una manada de lobos la jerarquía está basada en unos principios de adaptación y supervivencia de la especie y el bienestar de todo el grupo está por encima de los intereses de los individuos, cada uno de los miembros, incluyendo a la loba beta, desempeñan una función imprescindible en su desarrollo vital.


En la película "Lobo" nos encontramos curiosamente con dos machos alfa que luchan por el poder, en este caso por su posición laboral en la empresa.


La ambición del joven es destronar al viejo, pero al contrario que en una manada de lobos, el juego que utiliza es sucio y rastrero. La veteranía del "lobo viejo" demostrará que la ambición desmesurada basada en la falta de principios no sirve para nada.


El protagonista de "El apartamento" podría ser considerado un lobo omega porque es "un don nadie", el "último de la fila", no tiene ambición ni orgullo y su única razón de ser es la de "trepar" quedando bien con sus superiores que abusan de su "ingenuidad".


Sin embargo, no siempre la ambición es un deseo de conseguir un logro eliminando a otro. Volviendo al proverbio árabe: el empeño en tu objetivo, te puede hacer mejor.

Sin ambición no existiría el éxito de grandes personajes de la historia.


La versión más peyorativa de la ambición nos lleva a pensar en personajes malvados que han conseguido sus logros a base de manipulaciones y abusos, si es verdad y no podemos negar, pero también la ambición puede dirigir la carrera de los mejores de su tiempo.

Velázquez por ejemplo, no hubiese desarrollado todo su talento si su ambición no le hubiese llevado a la Corte de Felipe IV.

O San Francisco de Asís que renunció a su modo de vida: su familia era rica, para despojarse de toda carga mundana y fundar su propia orden religiosa.


Aunque a veces la ambición no es el objetivo final, a veces los principios están por encima del objetivo.


Pongamos el ejemplo del personaje de la novela de Julio Verne "La vuelta al mundo en 80 días", Phileas Fog que casi pierde la apuesta al retrasarse cinco minutos en su llegada a Londres porque una mujer le entretiene en la calle; en lugar de zafarse y salir corriendo porque el tiempo apremiaba, prefirió ser fiel a un principio fundamental para él: la cortesía y la buena educación a pesar de que estaba en juego toda su fortuna.

Pero lo que es bien cierto, es que intentar seguir el camino correcto de tu ambición es siempre duro y difícil, y no siempre darás con las personas adecuadas.

Esquivando a los "lobos", el camino es mucho más largo, pero la recompensa, mejor.


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